sábado, 5 de mayo de 2012

Serie "Instinto": Capítulo 1, El cuerpo (parte 1)

Escrita por: Daniel Anaya.


Marcus Stewart se encontraba en el centro del salón; un lugar pequeño, polvoriento y completamente oscuro. Entre los presentes se encontraban otras once personas sentadas muy cerca de la mesa de disección. Varias veladoras colocadas estratégicamente alrededor del salón y sobre la mesa bailaban nerviosas, alumbrando tenuemente la reunión secreta en mitad de la noche. Un cadáver de un hombre adulto reposaba desnudo sobre la mesa, siendo alumbrado  por las veladoras y observado silenciosamente por los caballeros que rodeaban su cuerpo.
- ¿Qué piensan ustedes de la muerte? ¿A caso no le tememos de tal forma que somos capaces de vender nuestra alma al Diablo con tal de evitarla? O eso es lo que parece haber hecho nuestro amigo presente; parece haber jugado con el mismísimo Diablo a las escondidas. – Marcus hizo una pausa, analizando el cuerpo con el ceño fruncido. – Esto que podemos observar sobre su pecho – dijo señalando con un delgado apuntador las horribles heridas abiertas – parecen ser rasguños de alguna bestia, pero de no haber sido encontrado en el bosque, ni si quiera al aire libre, parecería insensato. Entonces, ¿qué lo pudo haber provocado?
Dirigió el apuntador hacia las piernas del cadáver, señalando en diferentes áreas.
- Pueden observar también sus hematomas; están en diferentes áreas dispares de su piel, por lo que tampoco parece haber sido causadas por una simple caída. ¿Conocíamos la reputación de este hombre? ¿A qué se dedicaba? Si no me equivoco, era un hombre tranquilo, soltero. Trabajaba en un taller de calzado. No se mezclaba en las borracheras de sus compañeros ni en las riñas que escandalizaban el vecindario.
Los ojos de los once hombres recorrían curiosamente el pálido cadáver, observando los golpes, las heridas, la sangre coagulada. Curiosamente, aquel cuerpo tenía las uñas recortadas y en buen estado, el cabello limpio, la piel joven. Se había tratado de una persona de clase media, por lo menos.
- Las condiciones en que fue encontrado este hombre son escalofriantes. Por supuesto, fue encontrado como lo tenemos aquí, completamente desnudo. Estaba en su propia casa, sobre la mesa del comedor, la cual había sido cubierta con un mantel negro. El cadáver cabía perfectamente sobre la misma, a todo lo largo. Alrededor de su cuerpo habían cuatro veladoras; una a la altura de su cabeza, una a sus pies, y dos más junto a cada uno de sus hombros – Marcus señalaba con el apuntador mientras describía la escena.
Un par de hombres dirigieron inmediatamente su mirada asombrada hacia el rostro de Marcus.
-       Así es caballeros, las veladoras formaban una cruz latina con su cuerpo.
Marcus guardó silencio, sintiendo la tensión que había generado en los presentes. El frío del salón era intenso y el vaho salía de la boca de algunos de ellos. La iluminación era muy tenue y apenas se alcanzaba a ver más allá de los asientos de los presentes, que cada vez se acercaban más al cuerpo.
-       ¿Alguien tiene idea de cuál era el color de las veladoras que formaban la cruz?
-       ¿Eran negras? – respondió tímidamente George.
- No, mi estimado George Wilde, no eran negras; aunque vas por buen camino. Supongo que en tu mente está danzando la macabra idea de un ritual satánico en el que hayan sacrificado la vida de este pobre hombre, ¿cierto? ¿Alguien más?
-       ¿Eran de color violeta? – contestó alguien entre la multitud.
-       Incorrecto.
Silencio absoluto.
- Eran de color rojo, mis estimados colegas; y estaban encendidas cuando llegamos; la cera se derramaba por los costados y sobre el mantel, pues habían estado encendidas toda la noche. La llamada de auxilio la dio la señora Catherine, vecina de nuestro amigo difunto, quien dijo haber escuchado cómo reventaron las ventanas de la casa de nuestra víctima. Al asomarse a ver lo que había sucedido, pudo observar una sombra salir a toda prisa del lugar. Algunos vecinos también se despertaron con el ruido y acudieron a ver lo que pasaba, pero cuando entraron al lugar, el impacto de la escena los hizo salir despavoridos hacia la iglesia. Muchos de ellos por miedo decidieron pasar la noche ahí. – ¡Esto es obra del Diablo! ¡Nuestro pueblo está maldito! – gritaban. Pues bien, ahora somos nosotros los que tenemos que resolver esto antes de que la gente tome antorchas y armas para ir a buscar a su demonio y se arme un acabose en este lugar. Ustedes están del lado de la ciencia, ¿cierto?  
Los presentes tardaron unos segundos en reaccionar, pasmados por la historia, y muy por lo bajo susurraron al unísono – Por supuesto, sí, así es -.
Marcus, después de mirarlos detenidamente a cada uno de ellos, fijó su mirada en el cadáver, con el ceño fruncido, concentrado. Matthew tragó saliva; tenía la quijada rígida y la respiración entrecortada. Era un joven aprendiz de criminalística y, por sus altas calificaciones y reconocimiento escolar, había sido invitado a participar en el selecto grupo de investigación paralelo al trabajo de la policía local, pero era todavía muy joven para soportar las escenas que estudiaban y los perversos actos humanos que perseguían. Marcus lo sabía, pero también estaba seguro de que ese joven era lo suficientemente capaz como para colaborar con ellos y soportar mentalmente del trabajo; una vez formado, sería uno de los miembros más activos y productivos del grupo.
-       ¿Qué es eso, Marcus? – Preguntó Richard, señalando la boca del cadáver.
Marcus fijó su vista en los labios del mismo y frunció aún más el ceño. Tomó un abate lenguas de una bolsa esterilizada y abrió los labios del muerto. Inmediatamente corrió por una de las comisuras un espeso fluido de sangre oscura. La boca del cadáver estaba repleta de sangre y sus dientes estaban destrozados; se podían observar algunos pedazos de ellos entre la misma sangre que fluía desde su boca. Los pedazos de diente que se mantenían pegados a las encías del hombre parecían pequeños dientes de tiburón, algunos terminaban en punta, algunos otros eran sólo la mitad de lo que habían sido, y había también espacios en donde había desaparecido el diente por completo. Algunos suspiros escaparon de un par de los presentes. Marcus, concentrado, intercambió miradas de intriga con Richard. La sangre dejó de fluir de la boca del muerto. Los hombres estaban impactados; la frente pálida de Matthew mostraba unas pequeñas gotitas de sudor frío, y su mirada mostraba un miedo profundo que casi le hacía salir corriendo del lugar, de no ser porque estaban completamente solos, a la mitad de la noche, lo cual le causaba todavía más miedo.
-       Bien Richard, muy bien. – dijo Marcus lentamente
- He visto un poco de sangre en una de las comisuras; además, no lucía normal la forma de sus labios, parecía que hubiese tenido algo dentro.
- Parece que tenemos más trabajo del que pensábamos. Tenemos que identificar quién o qué provocó los rasguños, los moretones, y por qué es que este individuo se encontraba con los dientes destrozados, desnudo, encima de una mesa, en medio de lo que parece un ritual satánico. George, tú y yo iremos mañana a primera hora a revisar la casa de este hombre; he ordenado que la policía cuide que nadie entre a la escena del crimen hasta que nosotros lleguemos. Richard y Matthew, ustedes lleven el cadáver con sumo cuidado a la morgue, no quiero que lo agiten demasiado. Tomen una muestra de la sangre que ha salido de su boca y consérvenla, aún no estamos completamente seguros de que es suya… Y sí, también de los dientes. Los demás investiguen todos los datos de la vida de este hombre, su familia, sus conocidos, amigos, dinero, propiedades, todo. Ah, y aquel que tenga miedo puede comenzar por investigar en libros sobre brujería, magia negra y satanismo. Que tengan dulces sueños, compañeros. ¡A trabajar!        
Marcus dio media vuelta enérgicamente, haciendo ondear su gabardina. Las veladoras que iluminaban el cadáver se apagaron al instante hacia su dirección, dejando un camino de humo vacilante. Él giró su cabeza en dirección al cadáver un par de segundos, y siguió su camino hacia la oscuridad del pasillo fuera del salón.

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Próximo sábado: El cuerpo (parte 2)

martes, 1 de mayo de 2012

La noche


Me gusta la noche porque sabe todo de mí. Me ha visto al desnudo y sin escrúpulos. Habla mi idioma, me escucha y si hace falta llora conmigo. Me manda a la Luna para que me acompañe. Al silencio para que me ensordezca y a veces, a la oscuridad para pasarla en vela.

Me gusta la noche porque me abraza. La noche me conoce tan bien que hay veces que pienso  que ha sido ella quien me ha inventado. Quien me ha llamado a escribir la vida con ella. Justo ahora en el ocaso, cuando parece que la creación descansa.

La noche sabe que yo sé por qué existe. Sabe que noto nuestro pensar al unísono. La noche está más despierta que el día. Más sola que el desierto, pero más sabia  que cualquier profeta. Más desolada incluso que la muerte, pero también es más creadora  que ese mismo a quien llamamos Dios.

La noche no brilla para aquellos que son ciegos, es muda para aquellos que deciden ser sordos, y absurda para aquellos que sólo saben ser testarudos. ¿Por qué la gente duerme si la noche tiene tantas cosas que contarnos?

La noche guarda secretos que muchos  ni habrán de imaginarse.  Cuando escribo me los cuenta. Y confieso que no ignoro el por qué. La noche me habla porque sabe que la escucho, que estoy alerta;  sola como ella, gritando en silencios, llorando en sonrisas.

Cómo me gusta la noche. Siempre puntual para llegar conmigo cuando más la espero. Y ya sin rodeos, he de decir sin remordimiento alguno, que me gusta la noche porque sé muy bien que ella también gusta de mí.


Daniela Díaz Blancarte.

jueves, 19 de abril de 2012


Sentada en una banca en medio de la noche, con los ojos cerrados;
tus manos sobre mis hombros recorriéndose hasta mi pecho,
subiendo hacia mi cuello. Entonces sentí tu beso tibio sobre mi frente.

Sobre mi piel siento un estremecimiento. Entonces abro los ojos;
veo tus labios con una sonrisa levemente retorcida,
con tus ojos fijos en mí.

Después, simplemente despierto.

Por: Verónica Villarreal.



lunes, 16 de abril de 2012

Fotografía: "El otro mundo"

Fotografías tomadas por: José P.

Mi hogar

Tristeza

El centro del Universo

La última salvación

Edén

Equilibrio

Sin título

Paraíso

El agua es vida

Silencio

miércoles, 11 de abril de 2012

Tú me haces volar

Escrito por: JEn Reji

Comencé a sentir el viento de una forma extraña, no era igual al que solía sentir cada mañana al despertar, era solemne, fresco y cálido, con ese sentido acogedor y confortante que agrada. Pero a la vez que se enfrentaba con mis poros, era arrogante y agresivo. Me asusté y quise saber la razón por la cual no se filtraba en mí con facilidad. De pronto, un sentimiento de desesperación me atrapó como una camisa de fuerza de la cual no podía salir por más que lo intentaba, yendo de un lado a otro, agitándome para escapar; hasta que vi su rostro, y me perdí en la intensidad de su mirar, ¡todo era perfecto!, pero había una cosa que no podía entender, ¿por qué me miraba como si fuera tan pequeña, mucho más de lo usual?¿por qué me sentía como si él observará un insecto por curiosidad, tal vez como una mariposa? Volví a verlo tratando de encontrar la respuesta; pero sin antes pensarlo, la gravedad de la tierra me acogió yaciéndome en un vórtice de adrenalina y miedo como si cayera en un hoyo negro. Tuve fe, y me volví hacia él. Vi extender sus suaves manos en las que me sostuvo frágilmente, hasta que desplegué mis alas y me atreví a volar, fluyendo incesante, deseando nunca parar. Fue entonces cuando lo divise por última vez, escuchando a su suave voz decirme. ¡Te dejó en libertad!

martes, 3 de abril de 2012

La misma sangre

Escrito por: Susana Colin.


Te miro a los ojos y tiemblo; me encuentro contigo por primera vez pero siento que nuestros corazones ya están unidos. Tú de blanco; un elegante vestido europeo. Yo, por el temor a la neutralidad, de colores (azul, amarillo, verde muerte); un atuendo mexicano. Tan distintas, tan extrañamente parecidas. Vienes de otras tierras, conoces a personas de todo el mundo, has besado tantos labios… y yo, yo que tengo raíces gruesas, fuertes, desgarradas soy el triste árbol que mira embelesado cómo las nubes blancas vuelan libres sobre él.

No hablas, sólo miras el lugar donde se supone debería estar él; exhibes tu corazón roto, y aunque el mío late sin problemas, duele (me dueles Frida, ¿no te das cuenta?). El cielo y tus ojos lloran, nuestra sangre comienza a correr por tu arteria, por tu falda llenándolo todo de rojo... ¿qué hacer? Diego no vino, Diego ya no regresa. Toma mi mano, llora sobre mi hombro… quítate el vestido, el corsé que te aprisiona y bésame. Cantaré para ti lo que mis ancestros me enseñaron, para que cuando despiertes, cuando abras los ojos estemos tú y yo, las dos juntas, unidas en un solo cuerpo, la misma sangre.









viernes, 30 de marzo de 2012

Holocausto

Anónimo.

Existen muchas situaciones, ideas, actitudes, comentarios, actos, etc., que los seres humanos realizamos todos los días, que afectan tanto a las personas más cercanas a nosotros, como a aquellos a los que ni si quiera conocemos. Acciones que tienen un impacto en los demás, intereses y desintereses que provocan una reacción, positiva o negativa, en lo que sucede en nuestro mundo. Hoy quiero hacer una comparación muy fuerte y muy triste. Tuve la oportunidad de escuchar a un hombre que, una vez más, ha cambiado mi forma de ver al ser humano; este hombre es Max Daniel Halpert, nacido en Budapest, Hungría, en 1924. 
Yo estaba sentado en el piso, en medio de un montón de gente que de igual forma no alcanzaron silla, entre los que estaban muchos interesados, igual que yo, en lo que estábamos por escuchar, pues sabíamos que aquello iba a impactar de manera directa y penetrante en nuestra alma. 
Un video con imágenes atroces comenzó a reproducirse a través del proyector y el ruido de la gente continuaba rezumbando en toda la sala. El video cesó y entró un hombre elegante, delgado, de 87 años de edad, a tomar su lugar en una mesa al frente de todo el auditorio; un lugar pequeño para la cantidad de asistentes que habíamos logrado entrar, y que parecíamos un montón de niños sentados al rededor de una fogata preparados para escuchar una historia. Una horrible historia.  
El hombre fue presentado y comenzó a hablar en un acento extranjero muy agradable. Conforme su relato proseguía, el silencio fue inundando el lugar. Nuestras caras comenzaban a adquirir un tono gris, devastado; mi garganta se cerró en diferentes ocasiones, tragándome las lágrimas que no quería dejar escapar, pues sabía que una vez libres, no cesarían. Escuchaba la voz quebrada de aquel hombre y mis ojos se humedecían, al mismo tiempo que escuchaba las más horribles vivencias que un ser humano puede pasar; un vagón repleto de seres humanos asustados, hambrientos, sedientos, golpeados, enfermos; personas arrojándose por voluntad propia (si puede llamársele así) contra cercas eléctricas para terminar de una vez por todas con el sufrimiento; plagas de piojos por las condiciones tan insalubres; escaso alimento para miles de personas a la intemperie, en pleno invierno, con zapatos agujerados, pesando 35 kilogramos; ofensas, muertes humillantes de amigos, conocidos, familiares, ancianos, padres, mujeres, niños...
El terrible nudo en la garganta se prolongó durante toda la sesión (hora y media), con intervalos de una voz que en momentos se derrumbaba, se componía, vacilaba, pero que en ningún momento se apagaba. El alma de ese ser humano había sido humillada de la manera más vil, y ahora compartía una breve anécdota de su sufrimiento, con un único objetivo: erradicar la injusticia, la discriminación, la intolerancia.
Este hombre había sido capturado por el ejército Nazi cuando contaba con 19 años de edad, por su condición judía. Su familia había sido separada y enviada a distintos campos de concentración, de los que únicamente sobrevivieron algunos pocos familiares, entre ellos su madre. Al ser liberado por el ejército soviético, se reencontró con su madre y años después, en su primera oportunidad, viajó a México, en donde se casó, tuvo 2 hijos y comenzó una nueva vida; sin olvidar ni el mínimo detalle de lo sucedido, pues aquello debe estar presente en la memoria de la humanidad por siempre. La huella dejada en el mundo por aquella mentalidad salvaje y asesina quedará tatuada, y he aquí la comparación que quiero hacer al respecto, si se me permite. 
Lo sucedido en el holocausto de la Alemania Nazi no ha sido el único holocausto, pues en países de África, Sudamérica y hasta en nuestro propio país, con la matanza de indígenas, han sucedido este tipo de atrocidades. No es necesario que el número de muertos alcance los miles, pues con el simple hecho de discriminar a un homosexual, a una persona de raza diferente, de religión o ideología, se está cometiendo algo que originó la mentalidad de los que ocasionaron la matanza de millones de judíos. Es exactamente lo mismo, pues la intolerancia hacia una sola persona es como si estuviésemos de acuerdo con toda esa ideología que ocasionó todos y cada uno de aquellos horribles sucesos contra cada una de las personas inocentes que tuvieron la desgracia de "haber estado en ese preciso lugar, en ese preciso instante". Algunos afirman que el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial no sucedió, que es un invento. Yo afirmo, prometo, que a partir de hoy y después de haber presenciado, directamente a través de la voz de uno de esos hombres que logró sobrevivir al infierno del hombre, los sucesos que en verdad pasaron y que marcaron en todos los sentidos a toda la humanidad, no permitiré que esto se olvide y no permitiré ningún tipo de discriminación ni para mi persona, ni para la de nadie más. 



Si quieren saber más de la historia, he aquí una carta que fue escrita a este hombre en otra visita en la que  compartió, valientemente, su testimonio de vida:



Gracias, Max Daniel. 



"Quedamos varias docenas de seres humanos hacinados en un vagón hasta no caber un alma más. Después de varios días de viaje en condiciones inhumanas finalmente llegué al campo de concentración de Bergen-Belsen". 
     
"Recordaba todos los buenos momentos que había vivido antes de llegar al campo. Recordaba a toda la gente que quería y toda la gente que me había querido aunque ignorara si todavía vivía. Fue gracias a estos recuerdos que me salvé. Fue gracias a mi optimismo y a mis pensamientos de amor", dijo con la voz quebrada. Dijo con los ojos llenos de lágrimas.



lunes, 19 de marzo de 2012

My Iron Lung

Escrito por: Federica Porcu.

My Iron Lung.

No había muchas cosas claras en su vida. Nada decidido ni nada seguro. Había sido tal vez esa inseguridad que la llevó a la muerte, esa constante inseguridad. Había algo vulgar en su dolor, un toque sucio de egoísmo, de teatralidad. Nunca se cansaba de ver películas, infinidades de películas, tumbada en su cama con los pies descalzos. Se puede decir que era lo único que hacía, encerrada en su casa día y noche. Pero no veía todas las películas, era de hecho selectiva, pues sólo veía las mudas, exclusivamente películas mudas en blanco y negro.
Además, actuaba muy bien, pero actuaba para ella misma; se dedicaba sus espectáculos y era orgullosa de ello. Era muy buena. A veces se hallaba en el suelo de su cuarto, rascando con las uñas los muebles y llorando antes silenciosamente y luego escandalosamente, con furia, hasta que terminaba agotada con los ojos en blanco y los dedos sangrantes. Y luego se quedaba fumando delante de las ventanas abiertas y hacía que sus gestos fueran lo más estéticos posibles, imaginando cómo se vería esa escena en una película muda de los años 20.
Quizás de tanto imaginar su vida como una de esas películas, su cuerpo perdió gradualmente el color: su piel se volvió grisácea, sus ojos negros y su cabello blanco como las nubes. Le falló entonces la vista y empezó a ver el mundo en blanco y negro, y por algunos días fue verdaderamente feliz. Veía todo como el humo que entraba y salía con clase de su tierna boca. Ya no había imperfecciones. No más dientes amarillos, no más piel manchada, sólo formas perfectas, lo más perfectas posibles. Entonces empezó a salir, a conocer el mundo que en blanco y negro le parecía infinitamente más hermoso. Las personas, las caras de las personas, los ojos de las personas eran reales sólo en esos colores. Se olvidó de todo y empezó a follar. Follaba mucho y se sentía bien porque no había otra cosa que la llenase más que actuar, que fingir el placer. Se estremecía de placer bajo cuerpos hediondos, pero la verdad es que no podía sentir nada. No podía sentir dolor y mucho menos placer, el placer real que debía de ofuscarle la vista (al menos eso creía que pasaría).
Durmió mucho, un día, tanto que cuando despertó era diferente. Ya no podía escuchar nada. Ni el mínimo sonido penetraba sus orejas y tiró al suelo muchos libros, rompió muchas lámparas, que sólo podía ver hacerse pedazos en el suelo sin producir el mínimo sonido. La pérdida del oído fue más difícil de aceptar. No volvió a salir de su casa y empezó a tenerle miedo a todo. Hasta viendo sus películas volteaba numerosas veces hacia la puerta, por el temor de que alguien cuyos pasos no podía escuchar se presentara ahí para matarla.
Cuando perdió la voz,  ni se pudo dar cuenta. La pérdida de su voz grave fue la gota que colmó el vaso. Escondió sus dedos en su cabellera rubia y lloró hasta el desmayo. Era una imagen. Tan sólo una imagen, al igual que las elegantes mujeres de sus películas. Se había convertido en lo que soñaba, había logrado la perfección que buscaba, pero no se sentía feliz como debía de sentirse, como creía que iba a sentirse.
Y así perdió la razón, que fue lo último que perdió antes de perderlo todo, y repetidas veces gritaba lo que no podía gritar y lloraba lo que le quedaba por llorar. Lloró hasta el final. En su cuarto, acurrucada en el suelo, temblaba por el frío de la muerte próxima. La última lágrima le ralló la cara y mientras pasaba cargada de sal, parecía incluso que su rostro cobraba nuevamente su color.

viernes, 16 de marzo de 2012

El resplandor de la luna.


 Escrito por: Daniel Anaya López

El resplandor de la luna.

La primera vez que tuve la oportunidad de ver sus hermosos ojos fue en un sueño. Recuerdo que fue un breve instante en el que, mezclada entre el bullicio de una calle conglomerada, distinguí su mirada. Inmediatamente recibí la descarga eléctrica al ver su resplandeciente belleza. Se volvió lentamente, como si alguna extraña conexión nos hubiera enlazado en ese instante entre el movimiento y el ruido de toda la gente, y hubiéramos sabido que ahí estábamos los dos, sin si quiera conocernos… Mi pulso se aceleró y aquel momento mágico sólo duró unos instantes, interrumpido por la marea de gente que devoró su delicada imagen. Todo sucedió en cámara lenta y yo pude sentir cómo un frío enloquecedor me recorrió todo el cuerpo en un segundo. Quería que me mirara fijamente, quería sentir la intensidad de su ser y su extraña esencia, pero en lugar de eso, sentí una horrible tristeza y desesperación por saber a dónde iba, quién era, por qué me había visto de aquella manera.
Cuando desperté, en medio de la oscuridad, todavía tenía grabada con frescura la imagen de su mirada penetrante y seria. Me estremecí y fruncí el seño. Estaba sudando y tenía ese sentimiento de opresión en el pecho, una especie de tristeza e incertidumbre. Había sido uno de esos sueños reales y estremecedores que recordamos vívidamente y que podemos recapitular las veces que queramos. Jamás había visto a esa joven en mi vida y no sabía por qué había soñado aquello que no tenía ningún sentido para mí, hasta entonces.
En medio de la oscuridad y todavía recostado sobre la cama pensando, escuché de pronto un golpe seco en el piso de madera de la habitación contigua y di un pequeño salto; eran las 3 de la madrugada  de un lunes cotidiano y aún tenía tiempo para dormir e intentar retomar aquel sueño, tan si quiera para poder verla un momento más, así que decidí ignorar aquel ruido e intenté volverme a dormir.
Recuerdo que no logré conciliar de nuevo el sueño y, en su lugar, mi mente comenzó a dar vueltas obligándome a recordar pequeños fragmentos de aquel extraño suceso. Dentro de él corrían imágenes confusas en las que aparecía aquella hermosa joven cerca de mí, como si nos hubiésemos conocido desde hacía muchísimo tiempo, inclusive desde otra vida, o eso era lo que mi mente concluía de tan extraños pensamientos; y me sonreía, podía sentir su cariño profundo y sincero en aquella linda mirada. Había una complicidad y un sentimiento mutuo de cariño, lo sabía. Pero de pronto se entrecruzaron escenas oscuras, grises, tristes, en las que ella demostraba su dolor a través de sus ojos; su boca se mantenía seria y me invitaba a imaginar todo lo que no me podía decir. Algún distanciamiento imaginario, horrible e inevitable nos impedía sentirnos, estar cerca; un dolor profundo me invadía aún cuando yo estaba despierto y sabía que todo aquello no era verdad. Pero esa hermosa joven había irrumpido en mis sueños con tal fuerza que no podía ser ninguna coincidencia. Todo era demasiado confuso, misterioso, intrigante, fascinante…
Durante mis actividades cotidianas de aquel día pude disipar un poco de mi cabeza el darle vueltas a la situación y, sobre todo, recordar aquella mirada que me había enamorado y de la cuál  sólo tenía el recuerdo. Sabía que posiblemente no volvería a verla en toda mi vida.
Ciertos amigos cercanos me llegaron a notar diferente, apartado, alejado de la situación… pero no me comentaron nada, únicamente prestaban atención a cualquier indicio o a cualquier comentario que me delatara. Yo procuraba ser el mismo de siempre y no llamar la atención en cuanto a mi actitud para no develar el increíble suceso y convertirlo en un chiste, en un cuento, en una anécdota de “entre clases” para pasar el rato.

Transcurrieron un par de días y no tuve la oportunidad si quiera de recordar sueño alguno. Las actividades cotidianas me agobiaron y los pensamientos hacia esa chica comenzaron a cesar. Esas noches me parecieron las más cortas que hubiese tenido y no hubo nada que me perturbara ni que interrumpiera mi sueño. Todo parecía haber sido sólo un juego, una distracción, una broma grotesca de mi mente y mi subconsciente. Pero lo que sucedió la noche del día siguiente cambió mi vida de una forma fuerte e impactante; aún me cuestiono si mi cordura y mi integridad se fueron junto con esa visión y me dejaron aquí solo, en medio de la fría oscuridad, para seguir cuestionándome cuál es la realidad de las cosas y en qué momento me devorará el abismo…
Aquello sucedió la noche del jueves 18 de noviembre y, si es que mi memoria no me traiciona de igual forma, recuerdo que a eso de las 3 de la mañana, justamente a la misma hora que me había despertado la noche de mi obsesionante sueño, algo hizo que abriera repentinamente los ojos. Miré mi reloj en el buró de al lado (por eso es que puedo recordad la hora) y me quedé incorporado recuperándome de mi estado de letargo. Respiré profundamente sin preocuparme por nada más y pensé en ir por algo de comer a la cocina, cuando de pronto, volví a escuchar exactamente el mismo golpe seco en el piso de madera de la habitación contigua; y fue entonces cuando desperté por completo y de golpe, como por una cubetada de agua fría. Al mismo instante, volvieron a mí los pensamientos que me habían acosado días atrás. Recordé mi sueño y por supuesto a la joven del mismo. Recordé su mirada y el ambiente frío que nos envolvió. Recordé mi preocupación y mi frustración al no saber nada más de ella, al pensar en la forma en que la multitud la engulló y cómo ella me miró tan seria, como recriminándome algo. Mi respiración y mi pulso se aceleraron, y tuve miedo, pero mi curiosidad fue mucho más fuerte y algo dentro de mí me obligó a pararme de la cama a ver qué había sido ese sonido peculiar y que ahora se había convertido en algo personal, en algo indudable y horriblemente sobrenatural.
Me puse de pie temblando en la oscuridad. Sentí las sandalias a un lado de mi cama, pero no quería perder tiempo ni distraerme poniéndomelas, así que caminé hacia la puerta tentando el guardarropa y la orilla de la cama. No podía encender ninguna luz ni hacer ningún ruido para no despertar a mis padres y que me cuestionaran sobre qué estaba haciendo, por lo que llegué completamente a oscuras hasta la puerta emparejada de mi habitación y, con las manos frías y sudorosas por los nervios y el miedo, la deslicé cuidadosamente para poder apenas pasar hacia el pasillo sin tener que abrirla completamente. Una vez fuera, sentí las paredes frías y lisas que me guiarían hasta la habitación de al lado, donde había escuchado aquel extraño ruido. Mi corazón palpitaba cada vez más fuerte y sentía cómo me temblaban las piernas a cada paso. No quería descubrir lo que me estaría esperando en la habitación con tanta insistencia, pero tampoco podía evitar ahora seguir caminando hasta entrar ahí.
Escuché el palpitar de mi corazón en mis oídos y todo pareció ir en cámara lenta. Recuerdo que sentí cómo apreté los dientes y puse una mueca de miedo justo antes de decidirme a dar la última vuelta antes de estar dentro de la habitación.
            Ahora entiendo que yo sabía con lo que me iba a topar al entrar a aquel cuarto, pero no quería terminar de creerlo.
            Cuando estuve de frente hacia la puerta del estudio, lo que vi me dejó sin aliento. Era una figura humana vuelta hacia una de las esquinas de la pared, dándome la espalda. Estaba completamente oscura y parecía tener las manos en la cara agachada. Evidentemente era una mujer, lo supe cuando vi su larga cabellera negra cubriéndole la espalda. En ese momento mi cuerpo se puso completamente helado. Ella era la chica de mi sueño, pero tenía un aspecto horrible, oscuro y cadavérico. Lentamente, levantó la cabeza y se descubrió poco a poco la cara, volteando hacia donde yo estaba, y pude sentir claramente cómo mi corazón dejó de latir. Mi sangre se detuvo y aquella cosa se apoderó del momento… y de mí. La luna presenciaba horrorizada la situación y su brillo me ayudó a distinguir a la horrible criatura. El momento fulminante de mi encuentro, el punto final que acabó desastrosa y agresivamente conmigo, fue cuando la bestia terminó de deslizar sus garras de aquella mirada de la que me había enamorado, aquella mirada que me  había hecho pensar tanto tiempo e imaginar momentos vividos con una joven que pude haber conocido y que pudo haberme querido… y entonces me percaté de que aquella cosa no tenía ojos. Su horrible mueca tenía vacías las cuencas de los ojos y sonreía histéricamente. Toda la situación dio un giro tan inesperado que pocos seres humanos saben a lo que me refiero. Aquel ser había venido hasta mí desde otro mundo, desde otro universo. Los fragmentos de sueño que podía recordar eran reales y los había vivido. Había conocido a esa joven hermosa: Había sido mi esposa.
            El ser se volvió completamente hacia mí y de pronto se presentó tal y como la había visto en mi sueño, aquella joven de piel suave, de mirada profunda y enloquecedora se acercó hasta mí y me tomó una mano. Mis ojos estaban desorbitándose y mi corazón seguía sin poder latir. Cuando me tomo de la mano pasó frente a mis ojos toda una vida, había compartido cada segundo de ella a su lado y la había amado más que a nadie. Una lágrima resbaló por mi mejilla y cayó sobre el piso de madera. Pude sentir de nuevo su amor, su calor, su alegría, su dulce hermosura…
            Ahora comprendía que había venido a despedirse, algo que el destino nos había prohibido por la forma en la que murió. Ahora lo comprendía todo. Ella había sido todo para mí y terminé mi anterior vida con tristeza, rabia y sufrimiento porque me había sido arrebatada injustamente. Pero ahora entendía que existe algo más allá de este mundo. Ahora sé que podemos llegar hasta donde queramos y podemos traspasar cualquier barrera, cualquier universo, por inmenso que sea… ahora puedo volver a dormir tranquilo.




sábado, 10 de marzo de 2012

Izazaga


Por Sebastian Molina
Izazaga

Pútrido como siempre, debajo de un puente con olor a orina y al lado de un puesto de jugos con mas de una semana de almacenar. Grita sentado desde su sillón hecho de mierda:

-¡Hay lugar, Hay lugar!

Entro. No recuerdo cuanto hay que pagar, ¿4 o 3.50?, depende. Doy una moneda de 5, espero el cambio. No lo cuento; me alejo lo mas posible.
Suena el estéreo a mas no poder. Es un sonido distorsionado, a duras penas puedes distinguir un golpeteo gracias al retumbar que provocan las bocinas sobre todo cuerpo cercano. A pesar de esto hay gente que conoce la pieza y la tararea.

Alguna vez vi un video de un niño arrimando la verga a su propia madre y familia al ritmo de lo que me rompe los tímpanos. Gente que se va al infierno, pero no sabe por qué. Triste.

Volteo la mochila para poderla abrir, miro alrededor. No hay nadie observando, prosigo y saco unos auriculares. No hay lugar. Me iré parado. Me siento sucio al recordar, al ver la gente. Tal vez me confeso al llegar a casa. Me observan tal vez notaron algo diferente, tal vez vieron algo dentro de mi mochila, algo que no quería que vieran. Rap suena en mi celular, le subo el volumen y me amalgamo con el ambiente.

No soy un religioso

Me imagino en una lata de sardinas cilíndrica. Apretado y bañado en el jugo. Los asientos parecen inexistentes y no hay diferencia si la gente está sentada o parada. Una potente línea de bajo con batería suena en mi cabeza, asiento con la cabeza y miro al rededor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Fotos Felices

¡Así es! ¡No todo está perdido! Ciudad de México, 2012.

"Fotógrafo siendo fotografiado"
(Título de un señor que me fotografiaba mientras yo fotografiaba a este hombre).

Toma de corriente alimentada por paneles solares.


Bicis para usarlas por la zona (deberían ser gratis).

Feria del libro del Palacio de Minería.

Artista en frente de Palacio de Minería.

Campanario de la Catedral. 

La falta de ortografía es a propósito.






Y todo en un mismo día. ¿Se suman a la causa?

El Ojo de Noche.

viernes, 2 de marzo de 2012

Anoche soñé contigo...

Pensamiento escrito por Aldo Luna.


"Anoche soñé contigo, eras tímida, tus ojos largos y verdeazules no me dejaban de llamar. Soñé contigo como se sueña de día, la noche nos presenció. Soñé que te tenía y que nos queríamos -no sé cómo-. Pensé en decirte que te quería, pero no quería; pensé en preguntarte si eras de verdad, pero entonces pensé: ¿Para qué? Si es cierto bastaría con disfrutarlo, so no lo es, soñar no me haría daño. Anoche te miré y me miraste, estoy seguro de que te vi posando tu mirada en mi sonrisa (que en ese entonces era tuya). Anoche soñé que me querías. Hoy no quiero despertar."


Feliz viernes.

El Ojo de Noche


miércoles, 29 de febrero de 2012

Vampiros de-mentes

Ensayo escrito por Daniel Anaya López.




Vampiros de-mentes.


Tenemos qué hacer contacto.
Muy pocos lo logran, esos somos nosotros. Y claro, hemos existido desde siempre, como suele pensarse.
¿Tienes idea de lo que estoy hablando? Bueno, pues ya veremos si la tendrás; tú mismo me lo dirás, pues posiblemente seas uno de nosotros. Esto no es un reclutamiento, no pretendemos realizar una revolución, pues, como dije, ésta ha existido desde siempre; desde un inicio ha estado ahí, ardiendo, viviendo, rugiendo ferozmente. Ponte cómodo, relaja tu mente  y déjame explicarme un poco mejor…

            Hay algo a lo que los humanos se refieren con el termino de “vampiro”; aquel ser que se alimenta de la sangre de personas inocentes y que pertenece al mal. Yo no sé si exista una cosa semejante, pero estoy seguro que hay algo que da todavía más miedo y que es tan real como un virus; así es, son ellos, los seres humanos.
Desde su creación, la naturaleza diseñó algo tan maravilloso, poderoso, y al mismo tiempo peligroso, que por ende tenía que hacerle contrapeso de algún modo. ¿Te imaginas qué sucedería si los humanos estuviesen solos en este mundo? Ya habrás escuchado el termino que ellos mismos han inventado para ese panorama: Infierno. No es necesario que te haga utilizar uno de sus propios aparatos de información ahora mismo para que te des cuenta. En cualquier día, a cualquier hora, las noticias emiten imágenes tan horribles y desesperantes que harían enloquecer a cualquier otro ser vivo con un poco de consciencia. Es escalofriante. Inventan armas para autodestruirse, se golpean, se dañan, lo disfrutan… y lo ven por televisión; lo recrean como entretenimiento, ¿no es así?. No me dejarás mentir, tú los conoces mejor.
            Pues bien, la naturaleza misma debió hacer algo para contrarrestar tanto poder autodestructivo; y entonces fue que nos creó a nosotros. Fuimos el único animal dotado de consciencia. Ellos tienen sentimientos, sí, pero son instintivos, por lo que el sufrimiento ajeno no les motiva a detenerse, y, sin nuestra lucha, ellos ya hubieran terminado con el planeta, con los demás seres vivos, y con nosotros, por supuesto. Así, fuimos creados como una vacuna ante un virus. Nacimos a partir de ellos, tenemos los mismos genes, células, cuerpo, capacidad; lo único diferente es la consciencia. Uno de nuestros miembros más conocidos fue Da Vinci, quien aún para su época fue un ser muy adelantado, brillante. Otro más fue Einstein, quien pudo ser testigo de uno de los más atroces eventos perpetuado por estas bestias; y claro que él no escondía su asco hacia semejante raza, pero ellos nunca lo notan. Ellos nunca piensan.
            Nosotros hemos sufrido y muerto a la par por las acciones e ideas de los seres humanos, hemos estado al frente de revoluciones, de ideologías, de comunidades… Somos como un “kamikaze” del lado de la razón, de lo justo, pues llegamos al centro de la sociedad, a un lugar profundo dentro del pensamiento humano y dejamos nuestros huevecillos, nuestras ideas que cambiarán en un momento dado su forma de actuar. Eso es, nuestro huevecillos, nuestras ideas, están inmersas en el arte, en la ciencia, en nuestras palabras. Y es por eso que no necesito pedirte que te nos unas; pues, si eres uno de nosotros, tú ya lo habrás descubierto en el fondo desde hace mucho tiempo. Nadie nos dice si pertenecemos o no, simplemente nos damos cuenta. No somos parte de la masa, y es por eso que nos sentimos incomprendidos, rechazados y odiados, pero estamos aquí por un fin y no puede alguien tener una dicha más grande. Lo único que debemos hacer es esparcir nuestras ideas para hacernos presentes y para que nuestros demás miembros se identifiquen, que sepan que no están solos. Mira a tu alrededor, pues aunque dieras esto a un ser humano y lo obligases a leer, ellos nunca lo entenderían. ¿con cuántos de ellos convives a diario? ¿Se preocupan a caso de algo? Pero ahora lo sabes, y si conoces a alguien con pensamiento y sentimientos, pasa la voz, contágialo de inconformidad, pues nos haremos escuchar. No tengas miedo, somos muchos, muchos más…


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sábado, 25 de febrero de 2012

Criticando y pensando al amor (tanteando terreno)


Ensayo escrito por Daniela Díaz Blancarte.



Qué insolentes somos los que nos enamoramos. Creemos saber todo sobre el amor y comenzamos a escribir poemas tan determinantemente opresores que olvidamos que el amor tiene las caras que seamos capaces de encontrarle. Pretendemos quitarle al amor ese dinamismo y e índole multifacética con metaforizaciones que en vez de abrir, cierran puertas.
            En definitiva cerramos puertas con palabras que pretenden formar un solo y único camino. Creamos propias interpretaciones sobre el amor y en general lo que vemos en el mundo. Pensamos que nadie nos entiende, que nadie puede amar como nosotros porque o no tiene la capacidad o simplemente no conoce el amor. Al creer conocerlo todo sobre este sentimiento, nos cerramos al conocimiento de nuevas y diversas formas de experimentarlo que son igual de hermosas que las que describimos en nuestros versos, en nuestras canciones. El pensar que si no rima o no usa figuras poéticas, no describe al amor, es un candado más en las puertas inagotables que nos esperan si tan solo estuviéramos dispuestos a abrirlas y a explorarlas tal y como vienen.
Creamos nuestros versos pensando que sólo nosotros describimos al amor tal y como es. Queremos ser escuchados, leídos y admirados por quien sea que nos lea; esperando que una vez terminados nuestros sonetos, no haya necesidad de buscar más palabras para el amor. Pero lo que olvidamos es que el amor no es necesariamente de una misma y única manera, y que la poesía es un recurso poderoso pero no el único para hablarle al mundo sobre este sentimiento. Al pretender describirlo de una sola forma, estamos categorizando al amor, lo privamos de su infinidad de colores y lo reducimos al rojo; sólo al rojo.
            El amor lleva un pedazo de eternidad bajo el brazo mientras se jacta de ser efímero. Pareciera que este sentimiento que no conoce nacionalidades ni edades, es tan pretencioso como los que dicen saber todo sobre él. Qué ciego el que niegue que todas nuestras creaciones lleven un pedazo de nosotros impregnado en su esencia. Si el amor no es creación nuestra, sí influye mayoritariamente en las creaciones humanas arrobadas por este sentimiento. Por tanto, se puede decir que en teoría, el amor juega un papel dialéctico en la historia del ser porque es motor de un sin fin de creaciones del último.
            Digo en teoría porque muchas veces no es así. El ya mencionado encasillamiento del amor, no le permite ejercer esa labor dialéctica que le amerito. El amor se expresa desde una simple mirada, un aroma, un sonido, una caricia, hasta formas que nuestra mente ni siquiera ha podido concebir todavía. Formas que nuestra mente no necesita concebir antes que vivir. Dirían muchos que están hartos de los poetas, que escriben siempre diferentes versiones de la misma idea, que viven tejiendo palabras que esconden la nada. Yo difiero. Los poetas son impulso en gran medida a esta capacidad creadora que se alimenta con el amor. Sus palabras inspiran e instruyen de alguna forma a quienes exploran este sentimiento. El error radica en quienes endiosan y se cierran a una única forma de pintar al amor. Enamorémonos de los poetas y de quienes nos lleven al amor sin importar el medio. Ignoremos estándares y llenémonos de posibilidad. En el mundo reside inquietante la posibilidad; el transcurrir espontáneo que reta a ideales únicos si se mira con los lentes adecuados.
            Lo interesante de todo esto es que a pesar de los recursos intelectuales que hemos construido para ordenar el mundo, siempre será un reto asimilar a la luz del mero entendimiento aquellas preguntas, dilemas y sentimientos que nos invaden en determinados momentos de nuestro viaje. Recordemos que el conocimiento es nuestro recurso más valioso, pero a fin de cuentas únicamente un recurso. Las ideas que llegan a nuestra mente encuentran equilibrio al contraponerse con las emociones sin aparente explicación coherente.  Mi insolencia a flor de piel al escribir estos versos es un producto más de este motor que llamamos amor. Quizá me equivoque. Quizá no. Pero a fin de cuentas ¿quién lo sabe en realidad? Yo sólo soy espíritu e inteligencia reunidos para consolidar una idea circundante en un tiempo determinado de la valiosa existencia de mi nombre.
Daniela Díaz Blancarte.

jueves, 23 de febrero de 2012

Quiero volver a salir contigo y no sabes lo mucho que te quiero.

Escrito cortesía de Francisco Javier Rosado Hernández.
El 19 de febrero de 2012.
México, D.F.


Quiero volver a salir contigo y no sabes lo mucho que te quiero.
Quiero salir contigo y repetir la fuerza de las mareas en tus ojos, ondear  tus pestañas acompañada de una sonrisa,  encharcar mis lágrimas con las tuyas y unirlas , acariciar tu cara, sin sentir, sin oír y sin ver que estas allí que estas sonriendo , quiero salir contigo, en todo cuando todo se halla en un vacío , nosotros permaneceremos un recuerdo del uno del otro, quiero salir contigo como el viento que zurrara a los árboles y yo te susurro a ti con voz tenue, no hace falta gritar, quiero salir contigo muévete conmigo a través del viento y los árboles convierte en agua dulce en medio del océano, saborear el fuego que nos atrape en sus llamas y congelar el tiempo, quiero salir contigo y unirme entre corazón y mente para estar unidos , por que cuando te quiero sólo existo en la eternidad. ¿Cuántos te quiero dices en toda tu vida?, ¿Recuerdas alguno en especial? , hay miles y millones de "te quiero", cada uno de ellos para una persona distinta, para tus padre, para tus hermanos, los abuelos, tu pareja y tus amigos, toda aquella gente que te formó, ellos te hicieron como eres ahora, por eso un "te quiero" resume todo en la vida, todo el calor que he recibido ,todo ese cariño, un abrazo, un beso, una mirada, allí esta ese "te quiero" más sincero, por eso cada día sonríe, cada vez que recuerdes, sonríe, porque es tu pasado y si ahora tu eres feliz  o intentas serlo , sé que llevas muchos años viviendo y no las hecho tan mal, de verdad sonríe, te quiero pero aún te quiero diferente al resto, es igual si un te quiero es pequeño o grande, el sentimiento es el mismo y nunca cambia y se transforma, tiene el mismo significado, pero aún así es diferente.

domingo, 19 de febrero de 2012

Con tinta en la sangre...

Comenzamos con las publicaciones!!!! Estas fotografías fueron tomadas por Federica Porcu para su taller de creación literaria y ahora las comparte con nosotros para el blog. - El arte implica sentimientos fuertes, ¿os queda alguna duda? - .




viernes, 17 de febrero de 2012

¡Y se hizo la luz!



Hola!
Bienvenidos a "El Ojo de Noche", el blog dedicado a la literatura, al arte y al pensamiento... Este es un espacio dirigido a escritores y lectores que gusten de pensar diferente y de compartir ideas con otros seres. Este espacio está destinado principalmente a publicaciones originales de creación literaria (cuentos, ensayos, poesía,  pensamientos, etc.) así como a creaciones artísticas (canciones, videos, fotografías) de propia autoría; por lo que los comentarios e ideas mostrados en esta página son responsabilidad del autor. En este blog existe completa libertad de expresión y se requiere de un alto criterio por parte de los lectores y de los autores hacia el contenido publicado, así como tolerancia...

¡A escribir se ha dicho!
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Y recuerda...

El Ojo de Noche, todo lo observa...

Que lo disfrutes!!