Ensayo escrito por Daniela Díaz Blancarte.
Qué insolentes somos los que nos
enamoramos. Creemos saber todo sobre el amor y comenzamos a escribir poemas tan
determinantemente opresores que olvidamos que el amor tiene las caras que
seamos capaces de encontrarle. Pretendemos quitarle al amor ese dinamismo y e
índole multifacética con metaforizaciones que en vez de abrir, cierran puertas.
En
definitiva cerramos puertas con palabras que pretenden formar un solo y único
camino. Creamos propias interpretaciones sobre el amor y en general lo que
vemos en el mundo. Pensamos que nadie nos entiende, que nadie puede amar como
nosotros porque o no tiene la capacidad o simplemente no conoce el amor. Al
creer conocerlo todo sobre este sentimiento, nos cerramos al conocimiento de
nuevas y diversas formas de experimentarlo que son igual de hermosas que las
que describimos en nuestros versos, en nuestras canciones. El pensar que si no
rima o no usa figuras poéticas, no describe al amor, es un candado más en las
puertas inagotables que nos esperan si tan solo estuviéramos dispuestos a
abrirlas y a explorarlas tal y como vienen.
Creamos nuestros versos
pensando que sólo nosotros describimos al amor tal y como es. Queremos ser
escuchados, leídos y admirados por quien sea que nos lea; esperando que una vez
terminados nuestros sonetos, no haya necesidad de buscar más palabras para el
amor. Pero lo que olvidamos es que el amor no es necesariamente de una misma y
única manera, y que la poesía es un recurso poderoso pero no el único para
hablarle al mundo sobre este sentimiento. Al pretender describirlo de una sola
forma, estamos categorizando al amor, lo privamos de su infinidad de colores y
lo reducimos al rojo; sólo al rojo.
El
amor lleva un pedazo de eternidad bajo el brazo mientras se jacta de ser
efímero. Pareciera que este sentimiento que no conoce nacionalidades ni edades,
es tan pretencioso como los que dicen saber todo sobre él. Qué ciego el que
niegue que todas nuestras creaciones lleven un pedazo de nosotros impregnado en
su esencia. Si el amor no es creación nuestra, sí influye mayoritariamente en
las creaciones humanas arrobadas por este sentimiento. Por tanto, se puede
decir que en teoría, el amor juega un papel dialéctico en la historia del ser
porque es motor de un sin fin de creaciones del último.
Digo
en teoría porque muchas veces no es así. El ya mencionado encasillamiento del
amor, no le permite ejercer esa labor dialéctica que le amerito. El amor se
expresa desde una simple mirada, un aroma, un sonido, una caricia, hasta formas
que nuestra mente ni siquiera ha podido concebir todavía. Formas que nuestra
mente no necesita concebir antes que vivir. Dirían muchos que están hartos de
los poetas, que escriben siempre diferentes versiones de la misma idea, que
viven tejiendo palabras que esconden la nada. Yo difiero. Los poetas son
impulso en gran medida a esta capacidad creadora que se alimenta con el amor.
Sus palabras inspiran e instruyen de alguna forma a quienes exploran este
sentimiento. El error radica en quienes endiosan y se cierran a una única forma
de pintar al amor. Enamorémonos de los poetas y de quienes nos lleven al amor
sin importar el medio. Ignoremos estándares y llenémonos de posibilidad. En el
mundo reside inquietante la posibilidad; el transcurrir espontáneo que reta a
ideales únicos si se mira con los lentes adecuados.
Lo
interesante de todo esto es que a pesar de los recursos intelectuales que hemos
construido para ordenar el mundo, siempre será un reto asimilar a la luz del
mero entendimiento aquellas preguntas, dilemas y sentimientos que nos invaden
en determinados momentos de nuestro viaje. Recordemos que el conocimiento es
nuestro recurso más valioso, pero a fin de cuentas únicamente un recurso. Las
ideas que llegan a nuestra mente encuentran equilibrio al contraponerse con las
emociones sin aparente explicación coherente.
Mi insolencia a flor de piel al escribir estos versos es un producto más
de este motor que llamamos amor. Quizá me equivoque. Quizá no. Pero a fin de
cuentas ¿quién lo sabe en realidad? Yo sólo soy espíritu e inteligencia
reunidos para consolidar una idea circundante en un tiempo determinado de la
valiosa existencia de mi nombre.
Daniela Díaz Blancarte.