viernes, 16 de marzo de 2012

El resplandor de la luna.


 Escrito por: Daniel Anaya López

El resplandor de la luna.

La primera vez que tuve la oportunidad de ver sus hermosos ojos fue en un sueño. Recuerdo que fue un breve instante en el que, mezclada entre el bullicio de una calle conglomerada, distinguí su mirada. Inmediatamente recibí la descarga eléctrica al ver su resplandeciente belleza. Se volvió lentamente, como si alguna extraña conexión nos hubiera enlazado en ese instante entre el movimiento y el ruido de toda la gente, y hubiéramos sabido que ahí estábamos los dos, sin si quiera conocernos… Mi pulso se aceleró y aquel momento mágico sólo duró unos instantes, interrumpido por la marea de gente que devoró su delicada imagen. Todo sucedió en cámara lenta y yo pude sentir cómo un frío enloquecedor me recorrió todo el cuerpo en un segundo. Quería que me mirara fijamente, quería sentir la intensidad de su ser y su extraña esencia, pero en lugar de eso, sentí una horrible tristeza y desesperación por saber a dónde iba, quién era, por qué me había visto de aquella manera.
Cuando desperté, en medio de la oscuridad, todavía tenía grabada con frescura la imagen de su mirada penetrante y seria. Me estremecí y fruncí el seño. Estaba sudando y tenía ese sentimiento de opresión en el pecho, una especie de tristeza e incertidumbre. Había sido uno de esos sueños reales y estremecedores que recordamos vívidamente y que podemos recapitular las veces que queramos. Jamás había visto a esa joven en mi vida y no sabía por qué había soñado aquello que no tenía ningún sentido para mí, hasta entonces.
En medio de la oscuridad y todavía recostado sobre la cama pensando, escuché de pronto un golpe seco en el piso de madera de la habitación contigua y di un pequeño salto; eran las 3 de la madrugada  de un lunes cotidiano y aún tenía tiempo para dormir e intentar retomar aquel sueño, tan si quiera para poder verla un momento más, así que decidí ignorar aquel ruido e intenté volverme a dormir.
Recuerdo que no logré conciliar de nuevo el sueño y, en su lugar, mi mente comenzó a dar vueltas obligándome a recordar pequeños fragmentos de aquel extraño suceso. Dentro de él corrían imágenes confusas en las que aparecía aquella hermosa joven cerca de mí, como si nos hubiésemos conocido desde hacía muchísimo tiempo, inclusive desde otra vida, o eso era lo que mi mente concluía de tan extraños pensamientos; y me sonreía, podía sentir su cariño profundo y sincero en aquella linda mirada. Había una complicidad y un sentimiento mutuo de cariño, lo sabía. Pero de pronto se entrecruzaron escenas oscuras, grises, tristes, en las que ella demostraba su dolor a través de sus ojos; su boca se mantenía seria y me invitaba a imaginar todo lo que no me podía decir. Algún distanciamiento imaginario, horrible e inevitable nos impedía sentirnos, estar cerca; un dolor profundo me invadía aún cuando yo estaba despierto y sabía que todo aquello no era verdad. Pero esa hermosa joven había irrumpido en mis sueños con tal fuerza que no podía ser ninguna coincidencia. Todo era demasiado confuso, misterioso, intrigante, fascinante…
Durante mis actividades cotidianas de aquel día pude disipar un poco de mi cabeza el darle vueltas a la situación y, sobre todo, recordar aquella mirada que me había enamorado y de la cuál  sólo tenía el recuerdo. Sabía que posiblemente no volvería a verla en toda mi vida.
Ciertos amigos cercanos me llegaron a notar diferente, apartado, alejado de la situación… pero no me comentaron nada, únicamente prestaban atención a cualquier indicio o a cualquier comentario que me delatara. Yo procuraba ser el mismo de siempre y no llamar la atención en cuanto a mi actitud para no develar el increíble suceso y convertirlo en un chiste, en un cuento, en una anécdota de “entre clases” para pasar el rato.

Transcurrieron un par de días y no tuve la oportunidad si quiera de recordar sueño alguno. Las actividades cotidianas me agobiaron y los pensamientos hacia esa chica comenzaron a cesar. Esas noches me parecieron las más cortas que hubiese tenido y no hubo nada que me perturbara ni que interrumpiera mi sueño. Todo parecía haber sido sólo un juego, una distracción, una broma grotesca de mi mente y mi subconsciente. Pero lo que sucedió la noche del día siguiente cambió mi vida de una forma fuerte e impactante; aún me cuestiono si mi cordura y mi integridad se fueron junto con esa visión y me dejaron aquí solo, en medio de la fría oscuridad, para seguir cuestionándome cuál es la realidad de las cosas y en qué momento me devorará el abismo…
Aquello sucedió la noche del jueves 18 de noviembre y, si es que mi memoria no me traiciona de igual forma, recuerdo que a eso de las 3 de la mañana, justamente a la misma hora que me había despertado la noche de mi obsesionante sueño, algo hizo que abriera repentinamente los ojos. Miré mi reloj en el buró de al lado (por eso es que puedo recordad la hora) y me quedé incorporado recuperándome de mi estado de letargo. Respiré profundamente sin preocuparme por nada más y pensé en ir por algo de comer a la cocina, cuando de pronto, volví a escuchar exactamente el mismo golpe seco en el piso de madera de la habitación contigua; y fue entonces cuando desperté por completo y de golpe, como por una cubetada de agua fría. Al mismo instante, volvieron a mí los pensamientos que me habían acosado días atrás. Recordé mi sueño y por supuesto a la joven del mismo. Recordé su mirada y el ambiente frío que nos envolvió. Recordé mi preocupación y mi frustración al no saber nada más de ella, al pensar en la forma en que la multitud la engulló y cómo ella me miró tan seria, como recriminándome algo. Mi respiración y mi pulso se aceleraron, y tuve miedo, pero mi curiosidad fue mucho más fuerte y algo dentro de mí me obligó a pararme de la cama a ver qué había sido ese sonido peculiar y que ahora se había convertido en algo personal, en algo indudable y horriblemente sobrenatural.
Me puse de pie temblando en la oscuridad. Sentí las sandalias a un lado de mi cama, pero no quería perder tiempo ni distraerme poniéndomelas, así que caminé hacia la puerta tentando el guardarropa y la orilla de la cama. No podía encender ninguna luz ni hacer ningún ruido para no despertar a mis padres y que me cuestionaran sobre qué estaba haciendo, por lo que llegué completamente a oscuras hasta la puerta emparejada de mi habitación y, con las manos frías y sudorosas por los nervios y el miedo, la deslicé cuidadosamente para poder apenas pasar hacia el pasillo sin tener que abrirla completamente. Una vez fuera, sentí las paredes frías y lisas que me guiarían hasta la habitación de al lado, donde había escuchado aquel extraño ruido. Mi corazón palpitaba cada vez más fuerte y sentía cómo me temblaban las piernas a cada paso. No quería descubrir lo que me estaría esperando en la habitación con tanta insistencia, pero tampoco podía evitar ahora seguir caminando hasta entrar ahí.
Escuché el palpitar de mi corazón en mis oídos y todo pareció ir en cámara lenta. Recuerdo que sentí cómo apreté los dientes y puse una mueca de miedo justo antes de decidirme a dar la última vuelta antes de estar dentro de la habitación.
            Ahora entiendo que yo sabía con lo que me iba a topar al entrar a aquel cuarto, pero no quería terminar de creerlo.
            Cuando estuve de frente hacia la puerta del estudio, lo que vi me dejó sin aliento. Era una figura humana vuelta hacia una de las esquinas de la pared, dándome la espalda. Estaba completamente oscura y parecía tener las manos en la cara agachada. Evidentemente era una mujer, lo supe cuando vi su larga cabellera negra cubriéndole la espalda. En ese momento mi cuerpo se puso completamente helado. Ella era la chica de mi sueño, pero tenía un aspecto horrible, oscuro y cadavérico. Lentamente, levantó la cabeza y se descubrió poco a poco la cara, volteando hacia donde yo estaba, y pude sentir claramente cómo mi corazón dejó de latir. Mi sangre se detuvo y aquella cosa se apoderó del momento… y de mí. La luna presenciaba horrorizada la situación y su brillo me ayudó a distinguir a la horrible criatura. El momento fulminante de mi encuentro, el punto final que acabó desastrosa y agresivamente conmigo, fue cuando la bestia terminó de deslizar sus garras de aquella mirada de la que me había enamorado, aquella mirada que me  había hecho pensar tanto tiempo e imaginar momentos vividos con una joven que pude haber conocido y que pudo haberme querido… y entonces me percaté de que aquella cosa no tenía ojos. Su horrible mueca tenía vacías las cuencas de los ojos y sonreía histéricamente. Toda la situación dio un giro tan inesperado que pocos seres humanos saben a lo que me refiero. Aquel ser había venido hasta mí desde otro mundo, desde otro universo. Los fragmentos de sueño que podía recordar eran reales y los había vivido. Había conocido a esa joven hermosa: Había sido mi esposa.
            El ser se volvió completamente hacia mí y de pronto se presentó tal y como la había visto en mi sueño, aquella joven de piel suave, de mirada profunda y enloquecedora se acercó hasta mí y me tomó una mano. Mis ojos estaban desorbitándose y mi corazón seguía sin poder latir. Cuando me tomo de la mano pasó frente a mis ojos toda una vida, había compartido cada segundo de ella a su lado y la había amado más que a nadie. Una lágrima resbaló por mi mejilla y cayó sobre el piso de madera. Pude sentir de nuevo su amor, su calor, su alegría, su dulce hermosura…
            Ahora comprendía que había venido a despedirse, algo que el destino nos había prohibido por la forma en la que murió. Ahora lo comprendía todo. Ella había sido todo para mí y terminé mi anterior vida con tristeza, rabia y sufrimiento porque me había sido arrebatada injustamente. Pero ahora entendía que existe algo más allá de este mundo. Ahora sé que podemos llegar hasta donde queramos y podemos traspasar cualquier barrera, cualquier universo, por inmenso que sea… ahora puedo volver a dormir tranquilo.




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