Comencé a sentir el viento de una forma extraña, no era igual al que solía sentir cada mañana al despertar, era solemne, fresco y cálido, con ese sentido acogedor y confortante que agrada. Pero a la vez que se enfrentaba con mis poros, era arrogante y agresivo. Me asusté y quise saber la razón por la cual no se filtraba en mí con facilidad. De pronto, un sentimiento de desesperación me atrapó como una camisa de fuerza de la cual no podía salir por más que lo intentaba, yendo de un lado a otro, agitándome para escapar; hasta que vi su rostro, y me perdí en la intensidad de su mirar, ¡todo era perfecto!, pero había una cosa que no podía entender, ¿por qué me miraba como si fuera tan pequeña, mucho más de lo usual?¿por qué me sentía como si él observará un insecto por curiosidad, tal vez como una mariposa? Volví a verlo tratando de encontrar la respuesta; pero sin antes pensarlo, la gravedad de la tierra me acogió yaciéndome en un vórtice de adrenalina y miedo como si cayera en un hoyo negro. Tuve fe, y me volví hacia él. Vi extender sus suaves manos en las que me sostuvo frágilmente, hasta que desplegué mis alas y me atreví a volar, fluyendo incesante, deseando nunca parar. Fue entonces cuando lo divise por última vez, escuchando a su suave voz decirme. ¡Te dejó en libertad!
Me transformas en algo diferente, por ti cobro otra forma, abandono mi cuerpo y me adentro en en aquello que llaman el cielo. Y se que ya no puedo seguir atada a ti, no te pertenesco, por eso te digo adios hoy, hoy que tengo nuevas alas (esas que tu me diste)
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