lunes, 19 de marzo de 2012

My Iron Lung

Escrito por: Federica Porcu.

My Iron Lung.

No había muchas cosas claras en su vida. Nada decidido ni nada seguro. Había sido tal vez esa inseguridad que la llevó a la muerte, esa constante inseguridad. Había algo vulgar en su dolor, un toque sucio de egoísmo, de teatralidad. Nunca se cansaba de ver películas, infinidades de películas, tumbada en su cama con los pies descalzos. Se puede decir que era lo único que hacía, encerrada en su casa día y noche. Pero no veía todas las películas, era de hecho selectiva, pues sólo veía las mudas, exclusivamente películas mudas en blanco y negro.
Además, actuaba muy bien, pero actuaba para ella misma; se dedicaba sus espectáculos y era orgullosa de ello. Era muy buena. A veces se hallaba en el suelo de su cuarto, rascando con las uñas los muebles y llorando antes silenciosamente y luego escandalosamente, con furia, hasta que terminaba agotada con los ojos en blanco y los dedos sangrantes. Y luego se quedaba fumando delante de las ventanas abiertas y hacía que sus gestos fueran lo más estéticos posibles, imaginando cómo se vería esa escena en una película muda de los años 20.
Quizás de tanto imaginar su vida como una de esas películas, su cuerpo perdió gradualmente el color: su piel se volvió grisácea, sus ojos negros y su cabello blanco como las nubes. Le falló entonces la vista y empezó a ver el mundo en blanco y negro, y por algunos días fue verdaderamente feliz. Veía todo como el humo que entraba y salía con clase de su tierna boca. Ya no había imperfecciones. No más dientes amarillos, no más piel manchada, sólo formas perfectas, lo más perfectas posibles. Entonces empezó a salir, a conocer el mundo que en blanco y negro le parecía infinitamente más hermoso. Las personas, las caras de las personas, los ojos de las personas eran reales sólo en esos colores. Se olvidó de todo y empezó a follar. Follaba mucho y se sentía bien porque no había otra cosa que la llenase más que actuar, que fingir el placer. Se estremecía de placer bajo cuerpos hediondos, pero la verdad es que no podía sentir nada. No podía sentir dolor y mucho menos placer, el placer real que debía de ofuscarle la vista (al menos eso creía que pasaría).
Durmió mucho, un día, tanto que cuando despertó era diferente. Ya no podía escuchar nada. Ni el mínimo sonido penetraba sus orejas y tiró al suelo muchos libros, rompió muchas lámparas, que sólo podía ver hacerse pedazos en el suelo sin producir el mínimo sonido. La pérdida del oído fue más difícil de aceptar. No volvió a salir de su casa y empezó a tenerle miedo a todo. Hasta viendo sus películas volteaba numerosas veces hacia la puerta, por el temor de que alguien cuyos pasos no podía escuchar se presentara ahí para matarla.
Cuando perdió la voz,  ni se pudo dar cuenta. La pérdida de su voz grave fue la gota que colmó el vaso. Escondió sus dedos en su cabellera rubia y lloró hasta el desmayo. Era una imagen. Tan sólo una imagen, al igual que las elegantes mujeres de sus películas. Se había convertido en lo que soñaba, había logrado la perfección que buscaba, pero no se sentía feliz como debía de sentirse, como creía que iba a sentirse.
Y así perdió la razón, que fue lo último que perdió antes de perderlo todo, y repetidas veces gritaba lo que no podía gritar y lloraba lo que le quedaba por llorar. Lloró hasta el final. En su cuarto, acurrucada en el suelo, temblaba por el frío de la muerte próxima. La última lágrima le ralló la cara y mientras pasaba cargada de sal, parecía incluso que su rostro cobraba nuevamente su color.

viernes, 16 de marzo de 2012

El resplandor de la luna.


 Escrito por: Daniel Anaya López

El resplandor de la luna.

La primera vez que tuve la oportunidad de ver sus hermosos ojos fue en un sueño. Recuerdo que fue un breve instante en el que, mezclada entre el bullicio de una calle conglomerada, distinguí su mirada. Inmediatamente recibí la descarga eléctrica al ver su resplandeciente belleza. Se volvió lentamente, como si alguna extraña conexión nos hubiera enlazado en ese instante entre el movimiento y el ruido de toda la gente, y hubiéramos sabido que ahí estábamos los dos, sin si quiera conocernos… Mi pulso se aceleró y aquel momento mágico sólo duró unos instantes, interrumpido por la marea de gente que devoró su delicada imagen. Todo sucedió en cámara lenta y yo pude sentir cómo un frío enloquecedor me recorrió todo el cuerpo en un segundo. Quería que me mirara fijamente, quería sentir la intensidad de su ser y su extraña esencia, pero en lugar de eso, sentí una horrible tristeza y desesperación por saber a dónde iba, quién era, por qué me había visto de aquella manera.
Cuando desperté, en medio de la oscuridad, todavía tenía grabada con frescura la imagen de su mirada penetrante y seria. Me estremecí y fruncí el seño. Estaba sudando y tenía ese sentimiento de opresión en el pecho, una especie de tristeza e incertidumbre. Había sido uno de esos sueños reales y estremecedores que recordamos vívidamente y que podemos recapitular las veces que queramos. Jamás había visto a esa joven en mi vida y no sabía por qué había soñado aquello que no tenía ningún sentido para mí, hasta entonces.
En medio de la oscuridad y todavía recostado sobre la cama pensando, escuché de pronto un golpe seco en el piso de madera de la habitación contigua y di un pequeño salto; eran las 3 de la madrugada  de un lunes cotidiano y aún tenía tiempo para dormir e intentar retomar aquel sueño, tan si quiera para poder verla un momento más, así que decidí ignorar aquel ruido e intenté volverme a dormir.
Recuerdo que no logré conciliar de nuevo el sueño y, en su lugar, mi mente comenzó a dar vueltas obligándome a recordar pequeños fragmentos de aquel extraño suceso. Dentro de él corrían imágenes confusas en las que aparecía aquella hermosa joven cerca de mí, como si nos hubiésemos conocido desde hacía muchísimo tiempo, inclusive desde otra vida, o eso era lo que mi mente concluía de tan extraños pensamientos; y me sonreía, podía sentir su cariño profundo y sincero en aquella linda mirada. Había una complicidad y un sentimiento mutuo de cariño, lo sabía. Pero de pronto se entrecruzaron escenas oscuras, grises, tristes, en las que ella demostraba su dolor a través de sus ojos; su boca se mantenía seria y me invitaba a imaginar todo lo que no me podía decir. Algún distanciamiento imaginario, horrible e inevitable nos impedía sentirnos, estar cerca; un dolor profundo me invadía aún cuando yo estaba despierto y sabía que todo aquello no era verdad. Pero esa hermosa joven había irrumpido en mis sueños con tal fuerza que no podía ser ninguna coincidencia. Todo era demasiado confuso, misterioso, intrigante, fascinante…
Durante mis actividades cotidianas de aquel día pude disipar un poco de mi cabeza el darle vueltas a la situación y, sobre todo, recordar aquella mirada que me había enamorado y de la cuál  sólo tenía el recuerdo. Sabía que posiblemente no volvería a verla en toda mi vida.
Ciertos amigos cercanos me llegaron a notar diferente, apartado, alejado de la situación… pero no me comentaron nada, únicamente prestaban atención a cualquier indicio o a cualquier comentario que me delatara. Yo procuraba ser el mismo de siempre y no llamar la atención en cuanto a mi actitud para no develar el increíble suceso y convertirlo en un chiste, en un cuento, en una anécdota de “entre clases” para pasar el rato.

Transcurrieron un par de días y no tuve la oportunidad si quiera de recordar sueño alguno. Las actividades cotidianas me agobiaron y los pensamientos hacia esa chica comenzaron a cesar. Esas noches me parecieron las más cortas que hubiese tenido y no hubo nada que me perturbara ni que interrumpiera mi sueño. Todo parecía haber sido sólo un juego, una distracción, una broma grotesca de mi mente y mi subconsciente. Pero lo que sucedió la noche del día siguiente cambió mi vida de una forma fuerte e impactante; aún me cuestiono si mi cordura y mi integridad se fueron junto con esa visión y me dejaron aquí solo, en medio de la fría oscuridad, para seguir cuestionándome cuál es la realidad de las cosas y en qué momento me devorará el abismo…
Aquello sucedió la noche del jueves 18 de noviembre y, si es que mi memoria no me traiciona de igual forma, recuerdo que a eso de las 3 de la mañana, justamente a la misma hora que me había despertado la noche de mi obsesionante sueño, algo hizo que abriera repentinamente los ojos. Miré mi reloj en el buró de al lado (por eso es que puedo recordad la hora) y me quedé incorporado recuperándome de mi estado de letargo. Respiré profundamente sin preocuparme por nada más y pensé en ir por algo de comer a la cocina, cuando de pronto, volví a escuchar exactamente el mismo golpe seco en el piso de madera de la habitación contigua; y fue entonces cuando desperté por completo y de golpe, como por una cubetada de agua fría. Al mismo instante, volvieron a mí los pensamientos que me habían acosado días atrás. Recordé mi sueño y por supuesto a la joven del mismo. Recordé su mirada y el ambiente frío que nos envolvió. Recordé mi preocupación y mi frustración al no saber nada más de ella, al pensar en la forma en que la multitud la engulló y cómo ella me miró tan seria, como recriminándome algo. Mi respiración y mi pulso se aceleraron, y tuve miedo, pero mi curiosidad fue mucho más fuerte y algo dentro de mí me obligó a pararme de la cama a ver qué había sido ese sonido peculiar y que ahora se había convertido en algo personal, en algo indudable y horriblemente sobrenatural.
Me puse de pie temblando en la oscuridad. Sentí las sandalias a un lado de mi cama, pero no quería perder tiempo ni distraerme poniéndomelas, así que caminé hacia la puerta tentando el guardarropa y la orilla de la cama. No podía encender ninguna luz ni hacer ningún ruido para no despertar a mis padres y que me cuestionaran sobre qué estaba haciendo, por lo que llegué completamente a oscuras hasta la puerta emparejada de mi habitación y, con las manos frías y sudorosas por los nervios y el miedo, la deslicé cuidadosamente para poder apenas pasar hacia el pasillo sin tener que abrirla completamente. Una vez fuera, sentí las paredes frías y lisas que me guiarían hasta la habitación de al lado, donde había escuchado aquel extraño ruido. Mi corazón palpitaba cada vez más fuerte y sentía cómo me temblaban las piernas a cada paso. No quería descubrir lo que me estaría esperando en la habitación con tanta insistencia, pero tampoco podía evitar ahora seguir caminando hasta entrar ahí.
Escuché el palpitar de mi corazón en mis oídos y todo pareció ir en cámara lenta. Recuerdo que sentí cómo apreté los dientes y puse una mueca de miedo justo antes de decidirme a dar la última vuelta antes de estar dentro de la habitación.
            Ahora entiendo que yo sabía con lo que me iba a topar al entrar a aquel cuarto, pero no quería terminar de creerlo.
            Cuando estuve de frente hacia la puerta del estudio, lo que vi me dejó sin aliento. Era una figura humana vuelta hacia una de las esquinas de la pared, dándome la espalda. Estaba completamente oscura y parecía tener las manos en la cara agachada. Evidentemente era una mujer, lo supe cuando vi su larga cabellera negra cubriéndole la espalda. En ese momento mi cuerpo se puso completamente helado. Ella era la chica de mi sueño, pero tenía un aspecto horrible, oscuro y cadavérico. Lentamente, levantó la cabeza y se descubrió poco a poco la cara, volteando hacia donde yo estaba, y pude sentir claramente cómo mi corazón dejó de latir. Mi sangre se detuvo y aquella cosa se apoderó del momento… y de mí. La luna presenciaba horrorizada la situación y su brillo me ayudó a distinguir a la horrible criatura. El momento fulminante de mi encuentro, el punto final que acabó desastrosa y agresivamente conmigo, fue cuando la bestia terminó de deslizar sus garras de aquella mirada de la que me había enamorado, aquella mirada que me  había hecho pensar tanto tiempo e imaginar momentos vividos con una joven que pude haber conocido y que pudo haberme querido… y entonces me percaté de que aquella cosa no tenía ojos. Su horrible mueca tenía vacías las cuencas de los ojos y sonreía histéricamente. Toda la situación dio un giro tan inesperado que pocos seres humanos saben a lo que me refiero. Aquel ser había venido hasta mí desde otro mundo, desde otro universo. Los fragmentos de sueño que podía recordar eran reales y los había vivido. Había conocido a esa joven hermosa: Había sido mi esposa.
            El ser se volvió completamente hacia mí y de pronto se presentó tal y como la había visto en mi sueño, aquella joven de piel suave, de mirada profunda y enloquecedora se acercó hasta mí y me tomó una mano. Mis ojos estaban desorbitándose y mi corazón seguía sin poder latir. Cuando me tomo de la mano pasó frente a mis ojos toda una vida, había compartido cada segundo de ella a su lado y la había amado más que a nadie. Una lágrima resbaló por mi mejilla y cayó sobre el piso de madera. Pude sentir de nuevo su amor, su calor, su alegría, su dulce hermosura…
            Ahora comprendía que había venido a despedirse, algo que el destino nos había prohibido por la forma en la que murió. Ahora lo comprendía todo. Ella había sido todo para mí y terminé mi anterior vida con tristeza, rabia y sufrimiento porque me había sido arrebatada injustamente. Pero ahora entendía que existe algo más allá de este mundo. Ahora sé que podemos llegar hasta donde queramos y podemos traspasar cualquier barrera, cualquier universo, por inmenso que sea… ahora puedo volver a dormir tranquilo.




sábado, 10 de marzo de 2012

Izazaga


Por Sebastian Molina
Izazaga

Pútrido como siempre, debajo de un puente con olor a orina y al lado de un puesto de jugos con mas de una semana de almacenar. Grita sentado desde su sillón hecho de mierda:

-¡Hay lugar, Hay lugar!

Entro. No recuerdo cuanto hay que pagar, ¿4 o 3.50?, depende. Doy una moneda de 5, espero el cambio. No lo cuento; me alejo lo mas posible.
Suena el estéreo a mas no poder. Es un sonido distorsionado, a duras penas puedes distinguir un golpeteo gracias al retumbar que provocan las bocinas sobre todo cuerpo cercano. A pesar de esto hay gente que conoce la pieza y la tararea.

Alguna vez vi un video de un niño arrimando la verga a su propia madre y familia al ritmo de lo que me rompe los tímpanos. Gente que se va al infierno, pero no sabe por qué. Triste.

Volteo la mochila para poderla abrir, miro alrededor. No hay nadie observando, prosigo y saco unos auriculares. No hay lugar. Me iré parado. Me siento sucio al recordar, al ver la gente. Tal vez me confeso al llegar a casa. Me observan tal vez notaron algo diferente, tal vez vieron algo dentro de mi mochila, algo que no quería que vieran. Rap suena en mi celular, le subo el volumen y me amalgamo con el ambiente.

No soy un religioso

Me imagino en una lata de sardinas cilíndrica. Apretado y bañado en el jugo. Los asientos parecen inexistentes y no hay diferencia si la gente está sentada o parada. Una potente línea de bajo con batería suena en mi cabeza, asiento con la cabeza y miro al rededor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Fotos Felices

¡Así es! ¡No todo está perdido! Ciudad de México, 2012.

"Fotógrafo siendo fotografiado"
(Título de un señor que me fotografiaba mientras yo fotografiaba a este hombre).

Toma de corriente alimentada por paneles solares.


Bicis para usarlas por la zona (deberían ser gratis).

Feria del libro del Palacio de Minería.

Artista en frente de Palacio de Minería.

Campanario de la Catedral. 

La falta de ortografía es a propósito.






Y todo en un mismo día. ¿Se suman a la causa?

El Ojo de Noche.

viernes, 2 de marzo de 2012

Anoche soñé contigo...

Pensamiento escrito por Aldo Luna.


"Anoche soñé contigo, eras tímida, tus ojos largos y verdeazules no me dejaban de llamar. Soñé contigo como se sueña de día, la noche nos presenció. Soñé que te tenía y que nos queríamos -no sé cómo-. Pensé en decirte que te quería, pero no quería; pensé en preguntarte si eras de verdad, pero entonces pensé: ¿Para qué? Si es cierto bastaría con disfrutarlo, so no lo es, soñar no me haría daño. Anoche te miré y me miraste, estoy seguro de que te vi posando tu mirada en mi sonrisa (que en ese entonces era tuya). Anoche soñé que me querías. Hoy no quiero despertar."


Feliz viernes.

El Ojo de Noche


miércoles, 29 de febrero de 2012

Vampiros de-mentes

Ensayo escrito por Daniel Anaya López.




Vampiros de-mentes.


Tenemos qué hacer contacto.
Muy pocos lo logran, esos somos nosotros. Y claro, hemos existido desde siempre, como suele pensarse.
¿Tienes idea de lo que estoy hablando? Bueno, pues ya veremos si la tendrás; tú mismo me lo dirás, pues posiblemente seas uno de nosotros. Esto no es un reclutamiento, no pretendemos realizar una revolución, pues, como dije, ésta ha existido desde siempre; desde un inicio ha estado ahí, ardiendo, viviendo, rugiendo ferozmente. Ponte cómodo, relaja tu mente  y déjame explicarme un poco mejor…

            Hay algo a lo que los humanos se refieren con el termino de “vampiro”; aquel ser que se alimenta de la sangre de personas inocentes y que pertenece al mal. Yo no sé si exista una cosa semejante, pero estoy seguro que hay algo que da todavía más miedo y que es tan real como un virus; así es, son ellos, los seres humanos.
Desde su creación, la naturaleza diseñó algo tan maravilloso, poderoso, y al mismo tiempo peligroso, que por ende tenía que hacerle contrapeso de algún modo. ¿Te imaginas qué sucedería si los humanos estuviesen solos en este mundo? Ya habrás escuchado el termino que ellos mismos han inventado para ese panorama: Infierno. No es necesario que te haga utilizar uno de sus propios aparatos de información ahora mismo para que te des cuenta. En cualquier día, a cualquier hora, las noticias emiten imágenes tan horribles y desesperantes que harían enloquecer a cualquier otro ser vivo con un poco de consciencia. Es escalofriante. Inventan armas para autodestruirse, se golpean, se dañan, lo disfrutan… y lo ven por televisión; lo recrean como entretenimiento, ¿no es así?. No me dejarás mentir, tú los conoces mejor.
            Pues bien, la naturaleza misma debió hacer algo para contrarrestar tanto poder autodestructivo; y entonces fue que nos creó a nosotros. Fuimos el único animal dotado de consciencia. Ellos tienen sentimientos, sí, pero son instintivos, por lo que el sufrimiento ajeno no les motiva a detenerse, y, sin nuestra lucha, ellos ya hubieran terminado con el planeta, con los demás seres vivos, y con nosotros, por supuesto. Así, fuimos creados como una vacuna ante un virus. Nacimos a partir de ellos, tenemos los mismos genes, células, cuerpo, capacidad; lo único diferente es la consciencia. Uno de nuestros miembros más conocidos fue Da Vinci, quien aún para su época fue un ser muy adelantado, brillante. Otro más fue Einstein, quien pudo ser testigo de uno de los más atroces eventos perpetuado por estas bestias; y claro que él no escondía su asco hacia semejante raza, pero ellos nunca lo notan. Ellos nunca piensan.
            Nosotros hemos sufrido y muerto a la par por las acciones e ideas de los seres humanos, hemos estado al frente de revoluciones, de ideologías, de comunidades… Somos como un “kamikaze” del lado de la razón, de lo justo, pues llegamos al centro de la sociedad, a un lugar profundo dentro del pensamiento humano y dejamos nuestros huevecillos, nuestras ideas que cambiarán en un momento dado su forma de actuar. Eso es, nuestro huevecillos, nuestras ideas, están inmersas en el arte, en la ciencia, en nuestras palabras. Y es por eso que no necesito pedirte que te nos unas; pues, si eres uno de nosotros, tú ya lo habrás descubierto en el fondo desde hace mucho tiempo. Nadie nos dice si pertenecemos o no, simplemente nos damos cuenta. No somos parte de la masa, y es por eso que nos sentimos incomprendidos, rechazados y odiados, pero estamos aquí por un fin y no puede alguien tener una dicha más grande. Lo único que debemos hacer es esparcir nuestras ideas para hacernos presentes y para que nuestros demás miembros se identifiquen, que sepan que no están solos. Mira a tu alrededor, pues aunque dieras esto a un ser humano y lo obligases a leer, ellos nunca lo entenderían. ¿con cuántos de ellos convives a diario? ¿Se preocupan a caso de algo? Pero ahora lo sabes, y si conoces a alguien con pensamiento y sentimientos, pasa la voz, contágialo de inconformidad, pues nos haremos escuchar. No tengas miedo, somos muchos, muchos más…


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sábado, 25 de febrero de 2012

Criticando y pensando al amor (tanteando terreno)


Ensayo escrito por Daniela Díaz Blancarte.



Qué insolentes somos los que nos enamoramos. Creemos saber todo sobre el amor y comenzamos a escribir poemas tan determinantemente opresores que olvidamos que el amor tiene las caras que seamos capaces de encontrarle. Pretendemos quitarle al amor ese dinamismo y e índole multifacética con metaforizaciones que en vez de abrir, cierran puertas.
            En definitiva cerramos puertas con palabras que pretenden formar un solo y único camino. Creamos propias interpretaciones sobre el amor y en general lo que vemos en el mundo. Pensamos que nadie nos entiende, que nadie puede amar como nosotros porque o no tiene la capacidad o simplemente no conoce el amor. Al creer conocerlo todo sobre este sentimiento, nos cerramos al conocimiento de nuevas y diversas formas de experimentarlo que son igual de hermosas que las que describimos en nuestros versos, en nuestras canciones. El pensar que si no rima o no usa figuras poéticas, no describe al amor, es un candado más en las puertas inagotables que nos esperan si tan solo estuviéramos dispuestos a abrirlas y a explorarlas tal y como vienen.
Creamos nuestros versos pensando que sólo nosotros describimos al amor tal y como es. Queremos ser escuchados, leídos y admirados por quien sea que nos lea; esperando que una vez terminados nuestros sonetos, no haya necesidad de buscar más palabras para el amor. Pero lo que olvidamos es que el amor no es necesariamente de una misma y única manera, y que la poesía es un recurso poderoso pero no el único para hablarle al mundo sobre este sentimiento. Al pretender describirlo de una sola forma, estamos categorizando al amor, lo privamos de su infinidad de colores y lo reducimos al rojo; sólo al rojo.
            El amor lleva un pedazo de eternidad bajo el brazo mientras se jacta de ser efímero. Pareciera que este sentimiento que no conoce nacionalidades ni edades, es tan pretencioso como los que dicen saber todo sobre él. Qué ciego el que niegue que todas nuestras creaciones lleven un pedazo de nosotros impregnado en su esencia. Si el amor no es creación nuestra, sí influye mayoritariamente en las creaciones humanas arrobadas por este sentimiento. Por tanto, se puede decir que en teoría, el amor juega un papel dialéctico en la historia del ser porque es motor de un sin fin de creaciones del último.
            Digo en teoría porque muchas veces no es así. El ya mencionado encasillamiento del amor, no le permite ejercer esa labor dialéctica que le amerito. El amor se expresa desde una simple mirada, un aroma, un sonido, una caricia, hasta formas que nuestra mente ni siquiera ha podido concebir todavía. Formas que nuestra mente no necesita concebir antes que vivir. Dirían muchos que están hartos de los poetas, que escriben siempre diferentes versiones de la misma idea, que viven tejiendo palabras que esconden la nada. Yo difiero. Los poetas son impulso en gran medida a esta capacidad creadora que se alimenta con el amor. Sus palabras inspiran e instruyen de alguna forma a quienes exploran este sentimiento. El error radica en quienes endiosan y se cierran a una única forma de pintar al amor. Enamorémonos de los poetas y de quienes nos lleven al amor sin importar el medio. Ignoremos estándares y llenémonos de posibilidad. En el mundo reside inquietante la posibilidad; el transcurrir espontáneo que reta a ideales únicos si se mira con los lentes adecuados.
            Lo interesante de todo esto es que a pesar de los recursos intelectuales que hemos construido para ordenar el mundo, siempre será un reto asimilar a la luz del mero entendimiento aquellas preguntas, dilemas y sentimientos que nos invaden en determinados momentos de nuestro viaje. Recordemos que el conocimiento es nuestro recurso más valioso, pero a fin de cuentas únicamente un recurso. Las ideas que llegan a nuestra mente encuentran equilibrio al contraponerse con las emociones sin aparente explicación coherente.  Mi insolencia a flor de piel al escribir estos versos es un producto más de este motor que llamamos amor. Quizá me equivoque. Quizá no. Pero a fin de cuentas ¿quién lo sabe en realidad? Yo sólo soy espíritu e inteligencia reunidos para consolidar una idea circundante en un tiempo determinado de la valiosa existencia de mi nombre.
Daniela Díaz Blancarte.