sábado, 19 de octubre de 2013

Capital

Por: Daniel Anaya

Aplausos:
comida para gato.
No me encantó la textura,
¡pero la salsa! Gourmet.

Fumemos smog, música antigua
y "zoociedad" o suciedad...
miradas y diversidad;
luego, abandono, basura.

Gritos, silbidos,
melodías, arte:
caricaturas de nuestra vecindad.
Nuestras sábanas secándose al balcón.

Suspensión de actividades,
¡una moneda por favor!
Muertos de mentiritas
y arte en el suelo:
Rodolfo Peralta.

Suelas y tacones en 5 minutos.
Destrucción, soledad.
Salvación: Los Canallas.

La Pasarela en el alto, literalmente.
Hot!
La Capital.
Vestidos cortos $900,
no incluye composturas.
 
"Llevan al Piojo a revivir zombis", sopes
gorditas de chicharrón, tacos dorados.
Rechinido, rechinido, rechinido, rechinido...
todos los lunes, luego:
"Tacos el silencioso".
Olor a jabón, caguamón de $35
y Sor Juana volteada hacia
la puerta para no vernos.

sábado, 5 de mayo de 2012

Serie "Instinto": Capítulo 1, El cuerpo (parte 1)

Escrita por: Daniel Anaya.


Marcus Stewart se encontraba en el centro del salón; un lugar pequeño, polvoriento y completamente oscuro. Entre los presentes se encontraban otras once personas sentadas muy cerca de la mesa de disección. Varias veladoras colocadas estratégicamente alrededor del salón y sobre la mesa bailaban nerviosas, alumbrando tenuemente la reunión secreta en mitad de la noche. Un cadáver de un hombre adulto reposaba desnudo sobre la mesa, siendo alumbrado  por las veladoras y observado silenciosamente por los caballeros que rodeaban su cuerpo.
- ¿Qué piensan ustedes de la muerte? ¿A caso no le tememos de tal forma que somos capaces de vender nuestra alma al Diablo con tal de evitarla? O eso es lo que parece haber hecho nuestro amigo presente; parece haber jugado con el mismísimo Diablo a las escondidas. – Marcus hizo una pausa, analizando el cuerpo con el ceño fruncido. – Esto que podemos observar sobre su pecho – dijo señalando con un delgado apuntador las horribles heridas abiertas – parecen ser rasguños de alguna bestia, pero de no haber sido encontrado en el bosque, ni si quiera al aire libre, parecería insensato. Entonces, ¿qué lo pudo haber provocado?
Dirigió el apuntador hacia las piernas del cadáver, señalando en diferentes áreas.
- Pueden observar también sus hematomas; están en diferentes áreas dispares de su piel, por lo que tampoco parece haber sido causadas por una simple caída. ¿Conocíamos la reputación de este hombre? ¿A qué se dedicaba? Si no me equivoco, era un hombre tranquilo, soltero. Trabajaba en un taller de calzado. No se mezclaba en las borracheras de sus compañeros ni en las riñas que escandalizaban el vecindario.
Los ojos de los once hombres recorrían curiosamente el pálido cadáver, observando los golpes, las heridas, la sangre coagulada. Curiosamente, aquel cuerpo tenía las uñas recortadas y en buen estado, el cabello limpio, la piel joven. Se había tratado de una persona de clase media, por lo menos.
- Las condiciones en que fue encontrado este hombre son escalofriantes. Por supuesto, fue encontrado como lo tenemos aquí, completamente desnudo. Estaba en su propia casa, sobre la mesa del comedor, la cual había sido cubierta con un mantel negro. El cadáver cabía perfectamente sobre la misma, a todo lo largo. Alrededor de su cuerpo habían cuatro veladoras; una a la altura de su cabeza, una a sus pies, y dos más junto a cada uno de sus hombros – Marcus señalaba con el apuntador mientras describía la escena.
Un par de hombres dirigieron inmediatamente su mirada asombrada hacia el rostro de Marcus.
-       Así es caballeros, las veladoras formaban una cruz latina con su cuerpo.
Marcus guardó silencio, sintiendo la tensión que había generado en los presentes. El frío del salón era intenso y el vaho salía de la boca de algunos de ellos. La iluminación era muy tenue y apenas se alcanzaba a ver más allá de los asientos de los presentes, que cada vez se acercaban más al cuerpo.
-       ¿Alguien tiene idea de cuál era el color de las veladoras que formaban la cruz?
-       ¿Eran negras? – respondió tímidamente George.
- No, mi estimado George Wilde, no eran negras; aunque vas por buen camino. Supongo que en tu mente está danzando la macabra idea de un ritual satánico en el que hayan sacrificado la vida de este pobre hombre, ¿cierto? ¿Alguien más?
-       ¿Eran de color violeta? – contestó alguien entre la multitud.
-       Incorrecto.
Silencio absoluto.
- Eran de color rojo, mis estimados colegas; y estaban encendidas cuando llegamos; la cera se derramaba por los costados y sobre el mantel, pues habían estado encendidas toda la noche. La llamada de auxilio la dio la señora Catherine, vecina de nuestro amigo difunto, quien dijo haber escuchado cómo reventaron las ventanas de la casa de nuestra víctima. Al asomarse a ver lo que había sucedido, pudo observar una sombra salir a toda prisa del lugar. Algunos vecinos también se despertaron con el ruido y acudieron a ver lo que pasaba, pero cuando entraron al lugar, el impacto de la escena los hizo salir despavoridos hacia la iglesia. Muchos de ellos por miedo decidieron pasar la noche ahí. – ¡Esto es obra del Diablo! ¡Nuestro pueblo está maldito! – gritaban. Pues bien, ahora somos nosotros los que tenemos que resolver esto antes de que la gente tome antorchas y armas para ir a buscar a su demonio y se arme un acabose en este lugar. Ustedes están del lado de la ciencia, ¿cierto?  
Los presentes tardaron unos segundos en reaccionar, pasmados por la historia, y muy por lo bajo susurraron al unísono – Por supuesto, sí, así es -.
Marcus, después de mirarlos detenidamente a cada uno de ellos, fijó su mirada en el cadáver, con el ceño fruncido, concentrado. Matthew tragó saliva; tenía la quijada rígida y la respiración entrecortada. Era un joven aprendiz de criminalística y, por sus altas calificaciones y reconocimiento escolar, había sido invitado a participar en el selecto grupo de investigación paralelo al trabajo de la policía local, pero era todavía muy joven para soportar las escenas que estudiaban y los perversos actos humanos que perseguían. Marcus lo sabía, pero también estaba seguro de que ese joven era lo suficientemente capaz como para colaborar con ellos y soportar mentalmente del trabajo; una vez formado, sería uno de los miembros más activos y productivos del grupo.
-       ¿Qué es eso, Marcus? – Preguntó Richard, señalando la boca del cadáver.
Marcus fijó su vista en los labios del mismo y frunció aún más el ceño. Tomó un abate lenguas de una bolsa esterilizada y abrió los labios del muerto. Inmediatamente corrió por una de las comisuras un espeso fluido de sangre oscura. La boca del cadáver estaba repleta de sangre y sus dientes estaban destrozados; se podían observar algunos pedazos de ellos entre la misma sangre que fluía desde su boca. Los pedazos de diente que se mantenían pegados a las encías del hombre parecían pequeños dientes de tiburón, algunos terminaban en punta, algunos otros eran sólo la mitad de lo que habían sido, y había también espacios en donde había desaparecido el diente por completo. Algunos suspiros escaparon de un par de los presentes. Marcus, concentrado, intercambió miradas de intriga con Richard. La sangre dejó de fluir de la boca del muerto. Los hombres estaban impactados; la frente pálida de Matthew mostraba unas pequeñas gotitas de sudor frío, y su mirada mostraba un miedo profundo que casi le hacía salir corriendo del lugar, de no ser porque estaban completamente solos, a la mitad de la noche, lo cual le causaba todavía más miedo.
-       Bien Richard, muy bien. – dijo Marcus lentamente
- He visto un poco de sangre en una de las comisuras; además, no lucía normal la forma de sus labios, parecía que hubiese tenido algo dentro.
- Parece que tenemos más trabajo del que pensábamos. Tenemos que identificar quién o qué provocó los rasguños, los moretones, y por qué es que este individuo se encontraba con los dientes destrozados, desnudo, encima de una mesa, en medio de lo que parece un ritual satánico. George, tú y yo iremos mañana a primera hora a revisar la casa de este hombre; he ordenado que la policía cuide que nadie entre a la escena del crimen hasta que nosotros lleguemos. Richard y Matthew, ustedes lleven el cadáver con sumo cuidado a la morgue, no quiero que lo agiten demasiado. Tomen una muestra de la sangre que ha salido de su boca y consérvenla, aún no estamos completamente seguros de que es suya… Y sí, también de los dientes. Los demás investiguen todos los datos de la vida de este hombre, su familia, sus conocidos, amigos, dinero, propiedades, todo. Ah, y aquel que tenga miedo puede comenzar por investigar en libros sobre brujería, magia negra y satanismo. Que tengan dulces sueños, compañeros. ¡A trabajar!        
Marcus dio media vuelta enérgicamente, haciendo ondear su gabardina. Las veladoras que iluminaban el cadáver se apagaron al instante hacia su dirección, dejando un camino de humo vacilante. Él giró su cabeza en dirección al cadáver un par de segundos, y siguió su camino hacia la oscuridad del pasillo fuera del salón.

+++





Próximo sábado: El cuerpo (parte 2)

martes, 1 de mayo de 2012

La noche


Me gusta la noche porque sabe todo de mí. Me ha visto al desnudo y sin escrúpulos. Habla mi idioma, me escucha y si hace falta llora conmigo. Me manda a la Luna para que me acompañe. Al silencio para que me ensordezca y a veces, a la oscuridad para pasarla en vela.

Me gusta la noche porque me abraza. La noche me conoce tan bien que hay veces que pienso  que ha sido ella quien me ha inventado. Quien me ha llamado a escribir la vida con ella. Justo ahora en el ocaso, cuando parece que la creación descansa.

La noche sabe que yo sé por qué existe. Sabe que noto nuestro pensar al unísono. La noche está más despierta que el día. Más sola que el desierto, pero más sabia  que cualquier profeta. Más desolada incluso que la muerte, pero también es más creadora  que ese mismo a quien llamamos Dios.

La noche no brilla para aquellos que son ciegos, es muda para aquellos que deciden ser sordos, y absurda para aquellos que sólo saben ser testarudos. ¿Por qué la gente duerme si la noche tiene tantas cosas que contarnos?

La noche guarda secretos que muchos  ni habrán de imaginarse.  Cuando escribo me los cuenta. Y confieso que no ignoro el por qué. La noche me habla porque sabe que la escucho, que estoy alerta;  sola como ella, gritando en silencios, llorando en sonrisas.

Cómo me gusta la noche. Siempre puntual para llegar conmigo cuando más la espero. Y ya sin rodeos, he de decir sin remordimiento alguno, que me gusta la noche porque sé muy bien que ella también gusta de mí.


Daniela Díaz Blancarte.

jueves, 19 de abril de 2012


Sentada en una banca en medio de la noche, con los ojos cerrados;
tus manos sobre mis hombros recorriéndose hasta mi pecho,
subiendo hacia mi cuello. Entonces sentí tu beso tibio sobre mi frente.

Sobre mi piel siento un estremecimiento. Entonces abro los ojos;
veo tus labios con una sonrisa levemente retorcida,
con tus ojos fijos en mí.

Después, simplemente despierto.

Por: Verónica Villarreal.



lunes, 16 de abril de 2012

Fotografía: "El otro mundo"

Fotografías tomadas por: José P.

Mi hogar

Tristeza

El centro del Universo

La última salvación

Edén

Equilibrio

Sin título

Paraíso

El agua es vida

Silencio

miércoles, 11 de abril de 2012

Tú me haces volar

Escrito por: JEn Reji

Comencé a sentir el viento de una forma extraña, no era igual al que solía sentir cada mañana al despertar, era solemne, fresco y cálido, con ese sentido acogedor y confortante que agrada. Pero a la vez que se enfrentaba con mis poros, era arrogante y agresivo. Me asusté y quise saber la razón por la cual no se filtraba en mí con facilidad. De pronto, un sentimiento de desesperación me atrapó como una camisa de fuerza de la cual no podía salir por más que lo intentaba, yendo de un lado a otro, agitándome para escapar; hasta que vi su rostro, y me perdí en la intensidad de su mirar, ¡todo era perfecto!, pero había una cosa que no podía entender, ¿por qué me miraba como si fuera tan pequeña, mucho más de lo usual?¿por qué me sentía como si él observará un insecto por curiosidad, tal vez como una mariposa? Volví a verlo tratando de encontrar la respuesta; pero sin antes pensarlo, la gravedad de la tierra me acogió yaciéndome en un vórtice de adrenalina y miedo como si cayera en un hoyo negro. Tuve fe, y me volví hacia él. Vi extender sus suaves manos en las que me sostuvo frágilmente, hasta que desplegué mis alas y me atreví a volar, fluyendo incesante, deseando nunca parar. Fue entonces cuando lo divise por última vez, escuchando a su suave voz decirme. ¡Te dejó en libertad!